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El Servicio de Atención Clínica Logopédica atiende 250 casos por curso


Publicado: 03/01/19

No es tarea sencilla unificar bajo este Servicio de la Universidad la formación práctica a los alumnos de la titulación de Logopedia, y atender a numerosos casos reales con patologías del lenguaje, habla, voz, audición y trastornos miofuncionales. Tampoco lo es supervisar la evolución del aprendizaje de los estudiantes y la evolución de los pacientes, pero Dolors Ribas, coordinadora de este Servicio de la UPSA, tiene claro que tanto una buena formación como una buena recuperación pasan por la atención personalizada. En cada curso atienden una media de 250 casos, donde más de la mitad son niños y la otra parte son adultos con patologías como la sordera, afasias, tartamudez, demencias, disfonías, parálisis cerebral, discapacidad mental, articulación…

La definición del Servicio la aporta su coordinadora con la contundencia y el aplomo que dan los años al frente de una iniciativa única en España: “se trata de un Servicio que tiene la Universidad para que sus alumnos aprendan y que, a su vez, pone a disposición de la población en general para que lo puedan utilizar de forma gratuita aquellas personas que lo requieran, coincidiendo así con las señas de identidad de una Universidad católica”. Y para ello, no está sola: cuenta con los mejores especialistas en cada una de las áreas de intervención que se imparten y se diagnostican.

La colaboración del estudiante con el Servicio de Atención Clínica Logopédica se realiza desde el primer curso de Grado y se mantiene con diferentes niveles de implicación hasta que finalizan sus estudios. De este modo, y siempre de acuerdo a su nivel de formación, se les va acercando poco a poco a las situaciones reales con las que trabajan.

Las patologías mayoritarias que tratan diariamente afectan, en un número significativo, a la población infantil. En estos últimos años alertan  del aumento del TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad) y de la hiperestimulación de los más pequeños. Dolors lo plantea, en muchos casos, como un problema de permisibilidad en las normas familiares, generando niños más inseguros y dependientes. “Actualmente tenemos niños hiperestimulados, que en vez de jugar con juguetes de tipo simbólico lo hacen con las tablets y los móviles de sus padres”.

Por último, Ribas nos traslada la satisfacción que le supone, tanto a ella como a su equipo, dar un alta a un paciente. También a los alumnos, cuyas aportaciones son clave en el proceso y les ayuda a valorar su formación. Sin duda, el mejor cierre de un caso es el que describe la orgullosa coordinadora del Servicio: “Hay muchos casos que se solucionan, y poder dar el alta es muy satisfactorio para el alumno. A veces es más gratificante un pequeño paso que da un gran afectado que un alta que se tenía prevista desde que se inició”.