Noticias

Francisco Fernández-Jardón Álvarez. Investigador del CSIC y antiguo alumno de la UPSA

Publicado: 05/02/20

Compártelo en:

Francisco Fernández-Jardón Álvarez forma parte de los investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Su formación filósofica y su especialización en temas sociales han derivado en que su perfil sea clave para analizar las políticas migratorias, los problemas de las identidades nacionales, la migración, etc. En esta entrevista recuerda su paso por las aulas de la UPSA y reflexiona sobre el peso de la filosofía en las cuestiones sociales más actuales.

1. ¿Cuál ha sido su trayectoria desde que terminó sus estudios en la UPSA?

Después de terminar el Grado en Filosofía en la UPSA comencé un Máster en Estudios Avanzados en Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid (UCM). En ese momento no tenía muy claro un horizonte profesional, pero la investigación en filosofía era lo que más me gustaba, por eso opté por realizar ese máster. Justo en ese momento concursé en la convocatoria de Becas JAE Intro del CSIC. El objeto de las becas consiste en realizar un breve trabajo de investigación bajo la dirección de un investigador de un instituto del CSIC. Así, en otoño de 2016, al tiempo que comenzaba los estudios de máster en la UCM, disfruté de la JAE Intro en el Instituto de Filosofía (IFS) del CSIC, dentro de un proyecto sobre filosofía política de las migraciones, dirigido por Juan Carlos Velasco, quien actualmente es mi codirector de tesis.

En ese momento comencé a plantearme realizar una tesis dentro del área de filosofía política, en una temática afín a aquella que había trabajado durante la estancia en el IFS. Por recomendación de Juan Carlos, antes de comenzar el doctorado me matriculé en el Máster en Derecho Constitucional del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales (CEPC) con el objeto de profundizar en el ámbito del Derecho público y la ciencia política como paso previo a realizar un trabajo de filosofía política. Concluido este segundo máster me matriculé en el Programa de Doctorado en Filosofía de la UCM al tiempo que empezaba a disfrutar un contrato predoctoral en el CSIC financiado por el Ministerio de Ciencia, bajo el programa de ayudas a la Formación del Profesorado Universitario (FPU).

2. ¿En qué consiste su trabajo en el CSIC?

Mi trabajo consiste fundamentalmente en la investigación filosófica dentro del área de la filosofía moral y política. La investigación en filosofía, como en general en humanidades y en muchas ciencias sociales, se materializa en la dedicación individual de tiempo a la lectura y al estudio, pero también comprende actividades colectivas (simposios, seminarios, congresos, etc.) en los cuales los productos de ese inicial trabajo solitario son sometidos a crítica y valoración por otros miembros de la comunidad filosófica.

En concreto, mi proyecto de investigación doctoral se centra en la cuestión de la 'pertenencia' (membership). Con este término se quiere hacer referencia a la determinación de los límites de la comunidad política, tanto en el sentido de quiénes forman parte de ella desde un prisma individual, esto es, quiénes son o deben ser ciudadanos, como desde la perspectiva colectiva del Pueblo, que se afirma como fuente de legitimidad del Poder y sujeto constituyente. El objeto de la investigación sería tratar de indagar si se puede hablar de la pertenencia en términos de justicia y, si es posible, en qué sentido. Con ello, la filosofía política debería ser capaz de ofrecer criterios normativos desde los cuáles enjuiciar asuntos tales como las políticas migratorias, la legitimidad de la secesión, la problemática de las identidades nacionales, etc.

3. ¿Qué aporta la filosofía clásica a la sociedad actual?

La filosofía es un saber histórico y, como tal, responde a las necesidades, inquietudes y problemas de una época determinada. En este sentido, la distancia temporal con épocas anteriores hace que esa producción filosófica y cultural sea en sí misma inaprensible para nuestro tiempo de manera definitiva. Ahora bien, al mismo tiempo, los universos simbólicos y los horizontes de sentido que en algún sentido la filosofía clásica fue capaz de aprehender están presentes en nuestros universos simbólicos y nuestros horizontes de sentido, en la medida en que somos herederos de aquellas tradiciones de pensamiento y acción, de aquellas formas de entender el mundo y actuar en él: entender por qué determinados problemas se nos aparecen como tales, comprender los expedientes de legitimidad que justifican o hacen inaceptables nuestras acciones y conductas, etc., se hace imposible sin acercarnos a las formas clásicas de pensamiento.

Desde esta perspectiva, entonces, la filosofía clásica permite que la sociedad actual se entienda a sí misma, y por eso la filosofía contemporánea no puede pensar el presente sin revisitar la producción filosófica que la antecede. Por otra parte, muchas de las respuestas que el pensamiento clásico ofreció a sus problemas siguen estando accesibles hoy para responder los interrogantes que nuestro presente nos formula.

4. ¿Cuál cree que es el principal problema político hoy en día?

La pregunta me parece muy difícil de responder. No sé si los problemas políticos pueden presentarse aislados sin con ello obviar las complejidades e interdependencias que atraviesan todos los problemas humanos. No obstante, si tuviera que dar una respuesta aludiría a la permanente sensación de crisis que se ha normalizado en nuestra vida social. A mi modo de ver, esta crisis permanente, la crisis de la idea de crisis como un momento delimitable y su extensión indefinida en el tiempo, responde a un proceso de transición en las formas en que el poder se configura y se distribuye, cuyo detonante se encuentra en la crisis de 2008 pero cuya génesis se puede rastrear en las últimas décadas. Así, el poder económico, el poder político y el poder social está adoptando nuevas fisonomías y se está desplazando a través del territorio y del cuerpo social, consecuencia de la ruptura de los consensos que el Occidente se fraguaron en la posguerra del 45.

Éste desplazamiento del poder se observa en el espacio internacional con la emergencia de nuevos actores hasta ahora subalternos, en el espacio nacional con la tendencia a la hiperconcentración del poder económico (y, por extensión, del político y del social) en los grandes núcleos urbanos globales (lo cual ha generado conflictos en los territorios perdedores y ente aquellos que luchan por la hegemonía como centro de poder de un determinado espacio), también en una tendencia a la concentración del poder en las capas altas del cuerpo social, o en la reestructuración de la propiedad y la transformación del capitalismo en una economía de la plataforma y de la información.

Los conflictos políticos no responden a una única causa, ni la reordenación de la distribución del poder es ella misma armónica, pero creo que la perspectiva de una crisis que no termina puede proyectar algo de luz a la hora de tratar de descubrir conexiones entre acontecimientos que en ocasiones aparecen aislados y desconectados.

5. ¿Podría solucionarse desde la filosofía?

La filosofía es un saber histórico y, por eso, es estéril pedirle que se adelante a la sociedad. La filosofía siempre va un paso por detrás de la sociedad, tratando de problematizar y conceptualizar aquello que otras ciencias dan por supuesto y que, en nuestra vida ordinaria, asumimos como dado. Partiendo de esta limitación de principio, la filosofía, no obstante, puede ayudar en la búsqueda de soluciones a los problemas humanos, y políticos, en la medida en que, al volverse hacia aquello que se da por supuesto, permite tomar distancia con nuestros marcos cognitivos y nuestros horizontes simbólicos y de sentido, posibilitando así una aproximación diferente, más cualificada, a los problemas.

En este sentido, la contribución de la filosofía a la solución de los problemas políticos empieza antes que nada por entender y explicar por qué los problemas son problemas. Por tanto, solo la sociedad puede resolver los problemas políticos, pero, al mismo tiempo, la filosofía, al igual que otras disciplinas científicas, desde su peculiar lugar, desempeñando su particular papel, puede contribuir en la búsqueda de soluciones.

6. ¿Ocupa la filosofía el puesto que merece en la sociedad?

Depende. En un nivel popular creo que existe un relativo interés por la filosofía, pero como algo que se entiende como superfluo, un pasatiempo. En un sentido fuerte, la filosofía es bastante irrelevante socialmente. A mi modo de ver hay dos razones principales que lo explican. Por un lado, la ideología del 'fin de las ideologías' hace que los discursos filosóficos y culturales sean en parte superfluos, porque no tienen nada que decir. Por otro lado, la ideología de la 'utilidad' no encuentra lugar para la filosofía más allá de su condición de ser producto cultural más, consumible y, por eso mismo, con un potencial de rentabilidad en términos de valor-dinero en un corto o medio plazo. Obviamente, esta particular forma de entender la 'utilidad' no se para a pensar qué es eso que llamamos 'útil'; eso lo hace la filosofía. Desde la miopía de una concepción tan restrictiva de lo 'útil' es imposible valorar el valor de la filosofía en el sentido en el que me he referido en la anterior pregunta.

Por otra parte, no puedo dejar de reconocer que, en parte, la filosofía no tiene el reconocimiento social que merece porque desde la disciplina filosófica no siempre hemos sido capaces de conectar con la sociedad.

7. Usted estudió en la Universidad Pontificia de Salamanca, ¿qué destacaría de su etapa universitaria?

De estudiar filosofía en la UPSA destacaría la solidez de los conocimientos filosóficos que se ofertan. El conocimiento filosófico se construye sobre la base de tradiciones de pensamiento que, en cierto sentido, están presentes en nuestra contemporaneidad, cuyo conocimiento es fundamental si se pretende hacer filosofía hoy. Yo estoy muy satisfecho con la solidez de la formación filosófica impartida y con la capacidad del profesorado para vivificar los problemas más clásicos del pensamiento filosófico mostrando todo lo que de actualidad hay en ellos.

8. Si tuviera que darle un consejo a un alumno que en estos momentos se está formando en filosofía, ¿qué le diría?

Le diría que ha optado por una carrera difícil en términos de su encaje en el mercado laboral, como ocurre con todas las humanidades. Al mismo tiempo, le comentaría que la carrera de filosofía proporciona una serie de competencias transversales que no se agotan en su ámbito de disciplina, como son la capacidad de análisis, identificación de problemas, búsqueda de alternativas, etc. Por eso, creo que combinar filosofía con otros estudios pueden atribuir un plus que redundaría en un mejor rendimiento profesional y en una extensión de las formas y métodos propios de la filosofía en muy diversos ámbitos.

9. Un libro

El tiempo pervertido, de Esteban Hernández. 

10. Una película

El árbol de la vida, de Terrence Malick. 

11. Un lugar en el mundo

Asturias, soy de allí y siempre me gusta volver.

12. Si no se hubiera dedicado al ámbito de la filosofía, ¿a qué se habría dedicado?

Probablemente Derecho. Me dedico a un ámbito de la filosofía que se fija en el conflicto social y su solución. El Derecho, precisamente, es una disciplina cuyo objeto es canalizar el conflicto social, público y privado, de distintas formas. La estabilización y racionalización del conflicto social y político es una de las tareas principales del Derecho público. La afinidad con la filosofía social y política es evidente, solo cambian los enfoques y métodos.