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#QuédateEnCasa pero… ¿qué pasa con los que no tienen casa?

Publicado: 03/05/20

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Elena Díaz Muriel es religiosa de los Sagrados Corazones y alumna del último curso de Teología. Trabaja en la casa de acogida para personas sin hogar ‘Padre Damián’ de Salamanca, uno de los proyectos de Cáritas Diocesana en la ciudad charra.

Elena ha querido compartir con nosotros, a través de estas líneas, el trabajo que desarrollan desde hace semanas como consecuencia de la COVID-19. “En estos momentos, donde quedarnos en casa se hace imprescindible, quizá alguno se haya preguntado: ¿qué pasa con los que no la tienen? Quizá, desde nuestras ventanas los hemos visto en esos mismos bancos y cajeros de siempre, en los mismos parques, deambulando por las calles… y quizá, si les preguntáramos, nos dirían: ‘ya estoy en casa’”.

La Casa de Acogida ‘Padre Damián’ pretende ser una alternativa para quienes lo han perdido todo; trata de ser un hogar y en estos tiempos, más que nunca, ofrecer un espacio donde estar protegidos y seguir acompañando la vida de quienes sufren y no tienen nada.

Según nos indica Díaz, “seguimos tratando de acoger, sostener, escuchar… No hemos dejado de hacerlo, extremando eso sí las medidas de seguridad, cambiando nuestro modo de funcionar, buscando entretenimiento de todo tipo -ya sea haciendo ejercicio mientras podamos el jardín, viendo series o aprendiendo a pintar mandalas-, ayudando a que quien ha vivido mucho tiempo en la calle, pueda entender por qué ahora no puede pisarla. No es fácil, no os puedo engañar, y exige mucha fortaleza emocional. Ellos también tienen familia, también ven morir a sus seres queridos, tampoco entienden qué está pasando y también lloran con desesperación y desconsuelo cuando llegan noticias que tocan de cerca”.

Ante las adversidades,  esta religiosa se muestra contundente con su compromiso hacia los demás: “no podemos no estar aquí. En estos “tiempos de Covid”, me ayuda y me da fuerzas saber que no estoy sola, que muchos de mis compañeros de facultad, hombres y mujeres de Dios, están cerca de los ancianos en las residencias, de los niños y niñas en casas de acogida, o preocupándose de llamar por teléfono a quien está más solo y no tiene a nadie. Admiro su valentía y su coraje, el tiempo que dedican –tiempo, a veces, robado al estudio o al descanso-, y me hablan de una Iglesia que sigue estando cerca de los más pequeños, que aún con miedo, decide no dar rodeos, y agacharse, y embarrarse, compartiendo la vida y lo que tiene con aquellos que están rotos, al borde del camino. Son tiempos difíciles, como en todos los sitios, pero también sacan lo mejor de cada uno”.

Por último, Elena Díaz hace una referencia a su paso por la UPSA y a todo lo aprendido en sus aulas: “me impresiona, y me llena de esperanza y sentido, ver cómo para los alumnos de teología de ‘la ponti’ (y seguro que para muchos otros) está siendo tiempo de seguir poniendo en práctica lo que nuestros profesores llevan años tratando de enseñarnos: que quien se arriesga a entregar la vida, la gana. Que Jesús vino, y vino para todos. Ojalá no dejemos atrás a nadie”.