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A. Jiménez: “Los docentes debemos, más que nunca, ser creativos, innovar y comprometernos con el cambio”

Publicado: 04/06/20

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La decana de la Facultad de Educación de la UPSA, Amparo Jiménez Vivas, hace un análisis de los cambios en el marco educativo provocados por la crisis sanitaria del coronavirus. En sus respuestas, además de los retos de esta nueva situación, señala las oportunidades que se abren para un nuevo tipo de enseñanza.

1. ¿Considera que la crisis del coronavirus ha marcado un antes y un después en la educación?

No cabe duda de que la crisis del coronavirus ha marcado un antes y un después en la vida de todos. La educación, en su sentido más amplio, como proceso que facilita el aprendizaje y la adquisición de contenidos, ya sean conceptuales, procedimentales o actitudinales, no puede quedar al margen y se ve afectada por esta crisis sanitaria de manera significativa. 

La educación formal, la que se desarrolla de forma reglada dentro de los centros educativos en cualquier nivel y etapa, ha sufrido un cambio importantísimo. Los profesores trabajamos desde los domicilios, apoyados en plataformas virtuales y empleamos recursos diferentes a los habituales para desarrollar los procesos de enseñanza y aprendizaje con nuestros alumnos. En cualquier etapa educativa el entorno aula se sustituye por el hogar y las relaciones con los compañeros o los profesores se cambian por el apoyo familiar. La metodología presencial y el aprendizaje cooperativo y colaborativo apoyado en las relaciones sociales directas se ve desplazado por otras estrategias e iniciativas pedagógicas apoyadas en recursos tecnológicos fundamentalmente.

Al mismo tiempo, la educación no formal, la que se desarrolla fuera del marco de las instituciones educativas, pero con clara intencionalidad en la formación de las personas, también sufre cambios y modificaciones. Las empresas y organizaciones completan su catálogo de formación con competencias diferentes a las habituales, las familias tienen una responsabilidad directa en la educación de sus hijos y les apoyan, más que nunca, en la realización de tareas escolares, nos interesan nuevos contenidos y nos acercamos a las redes sociales para aprender a cuidarnos, a realizar ejercicio físico, cocinar, resolver problemas domésticos o incluso sentirnos mejor como personas.

Por último, la educación informal, con su carácter permanente, espontáneo y no intencionado, también sufre modificaciones. Ésta se va dando conforme el individuo se desarrolla y toma de su entorno recursos que le ayudan a crecer como persona. El entorno inmediato y cercano ha cambiado y, por tanto, estamos interiorizando, en mayor o menor medida, nuevos escenarios en la relación social, la comunicación, la toma de decisiones, solución de problemas o la gestión de cualquier tarea por muy habitual que sea.

2. ¿A qué retos se enfrentan a partir de ahora los profesores?, ¿podemos decir que estamos ante un cambio del modelo de profesorado?

Estamos ante un perfil del profesorado donde se exige una nueva práctica docente centrada en el conocimiento profundo de diversas metodologías que apuesten por una educación integral del alumno, ampliar la competencia en el ámbito digital y el manejo de las TIC y enriquecerse con un perfil humanista donde las habilidades comunicativas, emocionales y sociales cobran un papel muy destacable.

Este modelo se apoya en la necesidad de formación permanente y la adecuación a las características y demandas del entorno que, como comprobamos en el día a día, es altamente cambiante. Se espera que el profesorado, más que transmitir una gran cantidad de información, promueva y motive el desarrollo de competencias en el alumno. El profesor Daniel Pennac recuerda a sus mejores profesores como aquellos que le descubrieron la necesidad de aprender.

Bien es cierto que la crisis actual ha impulsado un cambio que viene planteándose desde hace un tiempo. Los docentes debemos abrir una ventana al mundo de los estudiantes, activando mecanismos de diferenciación, ofreciendo entornos formativos (presenciales y virtuales) motivadores donde los alumnos sean protagonistas, tener un amplio conocimiento de los diferentes métodos y estrategias de enseñanza que nos permitan crear otros escenarios complementarios al aula que faciliten los aprendizajes. Más que nunca debemos ser creativos, innovar y comprometernos con el cambio.

Quiero destacar el importantísimo papel que, en esta crisis, están jugando los docentes en todos los niveles educativos. El informe McKinsey (2008) señala que ningún sistema educativo puede ser mejor que la calidad de los docentes. Esta afirmación es válida desde la Educación Infantil hasta la Universidad y pone de relieve la excelencia manifestada por nuestros docentes en estos momentos. Los profesores, con mucho esfuerzo personal y profesional, están demostrando su excelencia que, como indican estudios actuales sobre la calidad docente, no es recomendación sino una exigencia.

Paolo Freire señala que el placer y la exigencia deben reunirse en la tarea docente. Centrarse en despertar interés, el compromiso con el alumnado, la espera de resultados a medio y largo plazo (no solo inmediatos) y el ser capaces de preparar a los alumnos para enfrentarse a diferentes desafíos personales son algunas de las características de los buenos docentes que se están poniendo en evidencia en nuestros colegios, institutos y universidades.

3. ¿Qué aspectos obliga la COVID-19 a modificar en la formación?

No cabe duda de que será necesario tomar medidas que afecten a la docencia en los diferentes niveles educativos. Replantearnos el agrupamiento de los alumnos, reduciendo el número de personas por aula, favorecer la enseñanza no presencial combinada con la presencialidad o manejar de manera efectiva y real diferentes metodologías que ayuden a los alumnos a motivarse y aprender en escenarios diferentes a los habituales, son algunas de las reflexiones que se plantean como imprescindibles desde la Conferencia Nacional de Decanos de las Facultades de Educación y son objeto de estudio desde las diferentes instituciones educativas.

El cambio es tan complejo que no se soluciona únicamente con el apoyo tecnológico. Este es muy importante, pero, para que sea eficaz debe ir acompañado de un conocimiento pedagógico profundo que permita a los docentes modificar su “hacer educativo”, darle sentido y adaptarlo a las nuevas necesidades.

Por otro lado, es imprescindible identificar las diferentes materias definiendo claramente los objetivos y competencias a adquirir en cada una de ellas para poder definir el modo de enseñanza más adecuado en cada caso. La enseñanza y el aprendizaje de una asignatura eminentemente práctica requiere de un apoyo imprescindible en contenidos procedimentales que diferencian los métodos de enseñanza de otra materia con un alto contenido teórico. Al igual ocurre con los diferentes niveles educativos donde, como no puede ser de otra manera, las prácticas pedagógicas deben adaptarse a las características de la etapa que son muy diferentes entre sí (Educación Infantil Primaria, Secundaria, Formación profesional, Universidad) y de los alumnos.

4. ¿Es importante replantearse la evaluación de los aprendizajes?

Abordar el tema de la evaluación en este contexto es muy complicado al tiempo que una inquietud muy importante en los diferentes niveles educativos. Lo estamos comprobando en nuestro entorno más cercano a través de las importantes y necesarias decisiones que se están tomando en la universidad. Nos tiene que llevar a reflexionar sobre el papel que juega la evaluación en el aprendizaje; como herramienta de medida de resultados, como estrategia motivadora, como parte inseparable al hecho de enseñar y aprender… Sin entrar en controversias pedagógicas, lo que no se pone en duda es que debe ser justa y objetiva al tiempo que debe adaptarse a las características y necesidades tanto del sistema educativo y del contexto como de los alumnos y los contenidos. En cualquier caso, la evaluación debe valorar los logros del alumno más que centrarse en sus debilidades y, sobre todo, no aislar a aquellos alumnos que, por diversas razones, amplificadas por la compleja situación en la que nos encontramos (no disponer de recursos tecnológicos en el hogar, tener difícil acceso a medidas de refuerzo pedagógico, dificultad en el apoyo familiar…) puedan verse perjudicados. Se debe apostar por una evaluación comprensiva, integradora e idiográfica, que ofrezca al alumno posibilidades de crecer y que sea motivadora.

5. ¿Pueden los universitarios ayudar con sus conocimientos a aliviar la situación que viven las familias con sus hijos?

Por supuesto. Contamos con universitarios altamente capacitados, motivados y con iniciativa. Son jóvenes comprometidos socialmente y que disponen de una importante mochila de aprendizajes actualizados y que pueden dar respuesta a las necesidades sociales del tipo que sean.

Es fácil comprobar cómo los alumnos de la UPSA están al servicio de la sociedad desarrollando diferentes actuaciones, bien de manera individual o coordinada, desde las diferentes facultades. Como ejemplo de ello, desde la Facultad de Educación, con el apoyo de la Universidad, se está desarrollando una iniciativa en la que están implicados, de manera altruista y generosa, muchos de nuestros alumnos.

Al contar con los grados de CAFyD, Educación Infantil y Primaria, tenemos un elevado potencial para poner al servicio de los niños y sus familias actividades educativas que les puedan ayudar como refuerzo en su estudio y a la vez como entretenimiento y desarrollo personal (elaboración de juguetes, talleres teatralizados, diseño de marionetas, cuenta-cuentos, actividades de activación de la inteligencia, prácticas de inteligencia emocional, talleres de papiroflexia, entrenamiento físico, desarrollo de hábitos saludables...). Nuestros alumnos, supervisados y acompañados desde el Vicedecanato de alumnos, están desarrollando interesantes ‘píldoras educativas’ que se sitúan en un canal de YouTube creado para tal efecto al que tienen acceso las familias. Están teniendo mucha acogida y muy alta visualización.

Al mismo tiempo, a través de actividades complementarias al practicum de los diferentes grados, los alumnos ofrecen a los centros educativos y los profesores proyectos de innovación educativa que les apoyen en su docencia virtual.

6. ¿Cree que esta situación favorecerá el interés por cursar titulaciones como las que ofrece la Facultad de Educación?

Deseamos que sí, aunque es muy difícil concretar de manera objetiva y rigurosa los intereses de los futuros universitario. En cualquier caso, desde la Facultad estamos realizando un gran esfuerzo por posicionarnos en el entorno social destacando nuestras fortalezas y oportunidades y demostrando la importancia que la educación de calidad tiene en el desarrollo de los individuos en particular y de la sociedad, en general.

Por otro lado, para responder a las características y demandas del contexto actual de los educadores, es preciso la formación permanente del profesorado. Esta se debe orientar hacia competencias específicas técnico-pedagógicas relacionadas con el manejo de entornos y recursos educativos, al mismo tiempo que hacia el desarrollo de habilidades humanísticas tales como la comunicación interpersonal, el control emocional y relacional y la motivación hacia el aprendizaje en los alumnos.  Entendemos que esa es otra vertiente muy importante en la formación de los educadores, bien sean maestros, profesores de educación secundaria y bachillerato, entrenadores personales, monitores de actividades físicas y recreativas o cualquier otro perfil relacionado con el trabajo ‘para y con’ los demás desde parámetros educativos y de desarrollo.

De la misma manera, estamos comprobando con el interés por el ejercicio y cuidado físico, la nutrición o las actividades deportivas están creciendo en la mayor parte de las personas independientemente de la edad u otras características que las definan. No cabe duda de que estas inquietudes requieren de profesionales expertos que puedan orientar y dar respuesta adecuada a estas inquietudes.

7. ¿Educativamente se ha conseguido algún logro en este momento de crisis?

La crisis sanitaria actual ha puesto de relieve los modelos pedagógicos más críticos con la educación tradicional. Desde el optimismo, podemos interpretar este complejo momento que estamos viviendo como una experiencia piloto, aunque sin fundamentar y excesivamente precipitada, de los cambios educativos que algunos expertos entienden como necesarios en el momento y la sociedad actual.

Los educadores estamos llevando a la práctica algunas de esas propuestas innovadoras que pretenden, en términos de la Escuela Nueva y otras corrientes pedagógicas, desformalizar la educación. Sacar la educación de las aulas buscando nuevos escenarios y metodologías, modificar el rol docente hacia una visión orientadora, mediadora y tutorial, plantear un diseño curricular más flexible, centrar el aprendizaje en desafíos intelectuales para que los alumnos se apoyen en sus estilos de aprendizaje o la interdisciplinariedad son algunos de los retos a los que nos estamos enfrentando.