Noticias

“La investigación exige más sacrificio que la docencia”, David Urchaga, investigador y profesor de Comunicación

Publicado: 21/04/21

Compártelo en:

Su currículum le delata y no puede ocultar que la investigación le apasiona. José David Urchaga, salmantino de adopción y pamplonica de nacimiento, imparte clases de ‘Psicología’, ‘Estadística’ y ‘Metodología de la Investigación’ en la Facultad de Comunicación. Sus dos décadas en la Universidad Pontificia de Salamanca (UPSA) no solo le avalan en la docencia, sino que cosechan grandes aportaciones científicas. Ha dirigido 24 tesis doctorales (20 en la UPSA, dos en la Usal, una en la Universidad de León y una en la Universidad de Vigo); ha registrado 26 artículos científicos de impacto en WOS/SCOPUS (JCR/SJR) en los últimos cinco años y ha colaborado con más de un centenar de publicaciones con otros docentes, tanto de la UPSA como de otras universidades (Usal, Universidad de León, Universidad de Vigo, UNIR, UCAv o Universidad Pontificia Comillas). Además, a lo largo de estos años y gracias a los diferentes proyectos de investigación, su implicación le ha llevado más allá de nuestras fronteras. Ha colaborado con instituciones mexicanas (UNAM, Universidad Ibero Americana, Universidad Autónoma de Nuevo León, Universidad de Baja California), universidades de Chile (Católica de la Santísima Concepción), Costa Rica (Universidad Católica de Costa Rica), Puerto Rico (Universidad de Puerto Rico), Bélgica (Universidad Católica de Lovaina) o Portugal (Beira Interior University). Pero su vinculación con los números y el método científico no le quita ni un ápice de fe a sus creencias personales y no entiende la supuesta incompatibilidad entre ciencia y religión. Todo ello, asegura, es cuestión de una perspectiva de humildad donde hay que reconocer que es imposible obtener todas las respuestas. Por último, Urchaga confiesa, además, que no sería fácil elegir entre docencia e investigación. Para él, preparar una tesis es como tener una relación de pareja que termina pasando por el altar.

Pregunta (P): Sus temas de investigación se centran en la adolescencia, la salud y el bienestar de las personas mayores. ¿Cuáles son las principales aportaciones?, ¿por qué cree que es importante investigar sobre estos temas?

Respuesta (R): Lo primero que me gustaría puntualizar es que la mayoría de las investigaciones en las que he participado ha sido dentro de grupos de investigación. En la UPSA, he tenido la suerte de poder sumarme a las líneas de investigación de los profesores Antonio Sánchez-Cabaco (Psicología), José Enrique Moral, Raquel Guevara, Fernando González (Educación) y Fernando Martínez (Comunicación).

Respecto al tema de la adolescencia, hemos investigado muchos aspectos: hemos descrito la existencia en edades más tempranas de ciertas conductas de riesgo, tales como el consumo de algunas drogas o dejar de practicar ciertos hábitos saludables como puede ser la actividad física. Se ha demostrado que uno de los factores más importantes para un buen desarrollo en la adolescencia es la relación positiva vivida en la familia, de ahí la importancia de apoyar la familia; también es muy importante la relación con los ‘iguales’ (amistades).

Durante el confinamiento del curso pasado colaboré en un estudio con compañeros de la USAL sobre cómo se estaba llevando a cabo la adaptación al COVID por parte de las universidades españolas. Este informe se mandó al ministro de Universidades que nos contestó personalmente, y me consta que se tomaron medidas a partir del mismo, sobre todo de mejora en los sistemas de evaluación. Hay que recordar que muchas universidades presenciales no estaban preparadas; en el caso de la UPSA no se planteó ese problema tan acuciante ya que teníamos experiencia en docencia online.

En este sentido, realizamos un estudio similar con centros concertados en España y se comprobó que los alumnos de Secundaria son los que, paradójicamente, peor se adaptaron a este sistema (enseñanza online durante el confinamiento), y es que los alumnos de primaria recibían mucha ayuda de los padres, pero como se supone que los de secundaria son autónomos, se les dejaba más por libre y no hacían tanto seguimiento de las clases. Estos datos nos los proporcionaron padres/madres y profesorado.

(P): De las investigaciones que ha realizado, ¿cuál considera más relevante y por qué?

(R): Desde un punto de vista personal, el estudio del área de la psicología y la religión. Por ejemplo, cómo la idea de Dios va cambiando con la edad (de un Dios mago, super héroe, a un Dios más misterio), y también cómo hay diferencias cualitativas según el sexo (más compleja en las mujeres).

También la aportación de cómo hay personas que tienen una concepción de Dios paradójica: aceptan que influye en el mundo, pero no comprenden su lógica y la aceptan como una realidad.

Por último, hemos aportado una investigación, por primera vez en España, sobre cómo la religiosidad es un factor protector en adolescentes frente a ciertas conductas de riesgo -por ejemplo, cierto tipo de drogas- y además incrementa factores protectores, positivos, tales como el sentido de la vida o la resiliencia.

(P): Actualmente, usted es uno de los profesores que más tesis doctorales ha dirigido en la Universidad. Con esta experiencia, ¿qué recomendaciones daría a los doctorandos que se encuentran en el proceso de elaboración de sus tesis?

(R): La tesis es como si tuvieras una relación de pareja, pero en este caso la pareja es una investigación. Al igual que con una pareja, hay que ser constante -muy importante, un fin de semana intenso no compensa un mes sin prestar atención, así se estanca la relación, no avanza-, no abandonarla -todos los días dedicarle algo de tiempo-, te tiene que atraer, que te motive, habrá veces que no lo veas nada claro y otras te entusiasme. Aunque parezca raro, también te ayuda a crecer y a conocerte mejor, como en todas las relaciones intensas.

Tiene que haber una motivación interna para la realización de la tesis, hay mucha diferencia entre los que están motivados y los que no, ya que es un trabajo de varios años y durante el mismo no suele haber muchas recompensas. Ayuda marcarse metas a medio plazo, por ejemplo, la entrega de un capítulo cada cuatro meses.

Es importante seleccionar un tema sobre el que haya investigación previa y no partir de la nada; sumarse a otras líneas de investigación existentes facilita el proceso. Por eso, es bueno dedicar un tiempo inicial a fijar el tema de la tesis.

Al final, si todo el proceso evoluciona según lo previsto, hay una última celebración -la defensa-, donde hay muchos nervios, es casi como una boda.  Hay que preparar ese momento y dedicarle tiempo a todos los detalles de esa ‘celebración’; la defensa de la tesis debe ser un momento de disfrutar y de contar todo lo que uno ha vivido.

Por último, no hay que olvidar que es un proceso y, como tal, hay altibajos, donde hay momentos de euforia y de ganas de abandono.

(P): ¿Qué le hace más feliz: impartir docencia o investigar?

(R): Difícil elección. Me encanta dar clases porque aporto mi perspectiva y me entusiasma el alumnado motivado y exigente. Es muy bonito transmitir las investigaciones que uno realiza. De hecho, los estudios sobre enseñanza universitaria detectan que el profesorado más valorado es aquel que imparte docencia sobre los temas que investiga, y solo sobre lo que investiga. Lo malo es que no siempre es así (es una pena).

En mi caso, es una satisfacción comprobar cada año cómo los objetivos que me planteo, lo que quiero que el alumnado aprenda, al final se refleja en las respuestas de sus evaluaciones. Y eso, que en muchos casos son temas que creen muy complicados, como por ejemplo la ‘terrible’ Estadística.

La investigación me encanta, sobre todo cuando son temas cercanos a mis intereses. El problema es que, en numerosas ocasiones, el tiempo dedicado a la investigación se suele sacar de horas ‘extra’ que se le roba a la familia.

En mi opinión, la investigación exige al profesorado universitario más sacrificio que la docencia. Por eso, en muchos casos uno se pregunta si compensa todo el tiempo que uno le dedica. Además, gran parte del mismo se invierte en cuestiones burocráticas: permisos, presentación de proyectos, balances, adaptación y revisión de artículos… Que, en mi caso, no me gusta nada.

(P): Por su formación científica, usted es un hombre reconocido por su habilidad con los números, con la estadística y con el método científico. No obstante, existe cierta incompatibilidad en algunos sectores entre ciencia y fe, ¿qué opina sobre esta dicotomía?

(R): ¡Jejejeje! ¡Qué tema! Soy una persona religiosa y nunca he entendido esa supuesta incompatibilidad ‘Ciencia-Religión’. Para Albert Einstein, que es considerado por gran parte de la comunidad científica como el gran referente en ciencia, sus descubrimientos le acercaban más a la creencia en Dios, ya que observaba lógica/orden y misterio en la física. Yo no he llegado a dicha experiencia, pero sí que tengo varias observaciones que para mí son importantes: en primer lugar, el ámbito de la Ciencia en la que yo me muevo, la que trabaja con datos, con estadísticas, tiene un importante límite: solo puede estudiar aquello que puede observar/medir (directa o indirectamente) y puesto, hasta donde alcanzo, todavía no se ha creado un instrumento que mida científicamente la presencia de Dios; por lo que es imposible negar la existencia de Dios desde la Ciencia. Si algún científico lo hace, lo hará en cuanto a una posición personal, pero no desde la ciencia.

En segundo lugar, la creencia en el más allá puede partir de experiencias reales, irrepetibles y, por lo tanto, basadas en criterios de realidad empírica; la cuestión entonces es porqué otras personas no les creen. La respuesta, desde la psicología, sería que, en parte, por los ‘prejuicios’ previos, que habría que desmontar, tal y como he mencionado en punto anterior. Es decir, la creencia en el más allá no tiene porqué ser en todos los casos algo subjetivo, sino que hay casos que se basan en experiencias reales y luego se transmiten en forma de testimonio, como se transmiten la mayoría de los conocimientos humanos.

Por último, me gustaría resaltar un tercer factor, y es que la ciencia actual, más en concreto la física cuántica, nos ha llevado a asumir que hay realidades que no comprendemos. En palabras del premio Nobel de Física Richard Feynman, “Creo que puedo decir con toda seguridad que nadie entiende la mecánica cuántica”, y por lo tanto, si alguien dice que la entiende, es que no la entiende.

Creíamos que la Ciencia, con el tiempo, tendría las respuestas a todas las preguntas, pero en la actualidad, la misma ciencia ha encontrado un nuevo límite, y es la limitada capacidad de nuestro cerebro para entender ciertos fenómenos físicos, ya que ha descubierto que existen realidades que nuestro cerebro es incapaz de procesar. Ahora bien, porque existan realidades que no comprendamos no podemos negarlas, ¿estamos de acuerdo? Así, hay una vuelta a la humildad, emprendida por la ciencia física, que creo que poco a poco irá contagiando al resto de las otras ciencias y saberes, incluyendo la religión.

Desde esa nueva paradigma de la humildad, de reconocer que nos es imposible obtener todas las respuestas, de admitir que hay zonas de conocimiento a las que no podemos acceder por nuestra limitación cerebral -al igual que un perrito no comprende todos los descubrimientos humanos-, es donde creo que Ciencia y Religión se van a encontrar y apoyar. No obstante, para ello, ambas deben volver a la humildad de admitir que no tienen, ni tendrán, respuesta para todo. Es lo que denomino el nuevo paradigma paradójico, frente al de las certezas.

Creo que no hay una pelea entre Ciencia y Religión, sino de ciertas Ideologías hacia Religión que instrumentalizan todo lo que pueden -ciencia, educación, política, etc.- para atacar a la religiosidad. Entonces, la cuestión es más complicada, porque con las ideologías, sobre todo con las excluyentes, no es fácil razonar, ya que el principal factor que las sostiene es el emotivo, más que el racional.

(P): ¿Cuál es su valoración sobre el real decreto que elabora el Ministerio de Universidades para regular la creación y acreditación de los centros de educación superior?

(R): Ha generado y genera mucha intranquilidad. Hay una parte del decreto que, en resumen, dice que aquellas universidades que no tengan al menos tres áreas de investigación muy asentadas y reconocidas -con proyectos de investigación reconocidos, publicaciones internacionales…- no podrán ser consideradas universidades y sus estudios deberían ser reconocidos por otras universidades.

Por lo tanto, la investigación pasa a ser un requisito necesario para el reconocimiento de las universidades. En este sentido, comparto parte el espíritu de dicho borrador, pero hay cuestiones que me gustaría matizar. La universidad tiene varios niveles de enseñanza (grado, máster, doctorado), siendo el doctorado el de formación en investigación. Nadie niega que la investigación mejora la docencia en el grado y máster, pero no considero que tenga que ser requisito para el grado el tener que alcanzar un alto nivel de investigación. Se pueden tener un magnifico profesorado en el grado, donde el alumnado se forme brillantemente sin que dicho profesorado sea magnífico en investigación. Ahora bien, esto, de ninguna manera es posible en el doctorado, donde lo ideal es que el alumnado se forme en centros de investigación en los cuales haya investigadores a tiempo completo. Es decir, la universidad debe tener claro los tres niveles de docencia y qué se exige a cada uno. Por lo tanto, creo que hay que ser más exigentes con la investigación en el doctorado, incluso más que lo que dice el borrador del decreto, pero no es aplicable tal nivel de exigencia a las enseñanzas de grado.

(P):  Hay una crítica generalizada en el mundo universitario con respecto a la falta de tiempo y reconocimiento para la investigación, ¿qué ocurre con la investigación en España?, ¿y en la UPSA?

(R): Es cierto. Continuando la respuesta a la pregunta anterior, en muchas universidades europeas tienen muy claro que hay tres tipos de figuras en la universidad: el docente dedicado casi en exclusiva a la enseñanza, el personal investigador y el mixto. En estas universidades hay un equilibrio en el número de esos tres tipos de contratos. Pero, en España nos podemos encontrar con universidades sin ningún investigador contratado a tiempo completo por la universidad, y eso no puede ser. Y en muchos casos, cuando tienen contrato, es porque están relacionados con proyectos de investigación subvencionados.

La UPSA, por su parte, se ha centrado más en la enseñanza, y por lo tanto, es una de las universidades más recomendadas para estudiar. Es muy importante que la universidad no pierda esta prioridad, que es la de la formación. El problema está cuando la estructura quiere impulsar la investigación en detrimento de la enseñanza. En la UPSA, en gran parte debido a los requisitos que están marcando las regulaciones del reconocimiento de universidades, está en una línea de reconocer y apoyar la investigación. Espero que se vaya reconociendo la investigación tal y como se reconoce la docencia, sobre todo de cara a crear centros de investigación que apoyen la formación en el nivel de máster y doctorado. En este sentido, nos encontramos en la UPSA con un reto muy ilusionante.

(P): ¿Qué aspectos habría que reforzar en el ámbito de la investigación para fomentar un mayor número de proyectos y líneas de innovación?

(R): Se me ocurren varias ideas: por ejemplo, hay que contratar a investigadores a tiempo completo. Pero, para empezar, se puede liberar a parte del profesorado que tenga inquietudes en la investigación. Estoy seguro que a medio y largo plazo se investiga con más calidad con poco personal y muy dedicado, que con mucho profesorado y poco dedicado.

Hay que reconocer mucho más la investigación. Hoy en día se da la situación de que si un Premio Nobel que ha estado investigando en USA durante 30 años, con muy poca carga docente, y quisiera venir a trabajar a España, no cobraría en nuestro país ni el sueldo medio de un profesor. En la mayoría de las universidades le correspondería el sueldo de un profesor contratado doctor -es el más habitual- y, como mucho, le pagarían de extra lo correspondiente a un sexenio de investigación -unos 90 euros más al mes, que por otra parte ya lo cobramos en torno al 20% del profesorado sin tener un premio Nobel-.

Además, es una realidad que en muchos baremos de oposición están muy poco valoradas las direcciones de tesis o el número de publicaciones científicas -que sí son méritos que uno ha logrado-, en comparación con cargos ‘a dedo’ -que son ‘méritos’ que le han dado, y que dependen de factores interpersonales, más que de la calidad docente o investigadora-.

En definitiva, la investigación en la universidad ha sido la ‘Cenicienta’, y ahora se han dado cuenta que tiene la llave para salir de esta situación y vienen a pedirle ayuda para que se acrediten las universidades (nuestra princesa ha dejado de ser la hermana rechazada a ser parte de la realeza).

La cuestión es que hay un gran cambio en el ‘guion’, la ‘Cenicienta’ se ha convertido en un personaje principal. En Europa somos conscientes de que existe una correlación directa entre nivel de investigación y desarrollo social y económico. Los países que más avanzan en investigación son los que más crecen, y es justo que la sociedad sea exigente con las universidades que, como tales, deben desarrollar y fomentar la investigación. Lógicamente, algunos no quieren que la ‘Cenicienta’ pase a ser un personaje principal, ya que perderían su puesto…

Me sitúo en el bando minoritario de la defensa radical de la investigación, y que sea de obligado requisito para que una universidad sea considerada como tal. Me encanta este momento y este deber para la sociedad.