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Gonzalo Tejerina: “La Teología te lleva la vida, pero recompensa enormemente"

Publicado: 24/11/21

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Gonzalo Tejerina es sacerdote agustino y catedrático en Teología Fundamental en la Facultad de Teología, donde ha sido decano en los periodos 2005-2008, 2008-2011 y 2015-2018. Gonzalo es un hombre de andares reflexivos, aparentemente tímido y con un humor inteligente que descoloca a quien no le conoce. Hablar de Tejerina es hablar de empatía con el prójimo. No soporta las injusticias y cuando necesita evadirse o desconectar, sale a correr por las proximidades de los Agustinos. Actualmente, Tejerina compagina la docencia con su cargo como capellán de la Universidad.

Pregunta (P): En los años 70 y 80, la Teología tenía poso y peso en nuestra Universidad. ¿Lo sigue teniendo actualmente?

Respuesta (R): No conocí la Universidad en aquellos años, pero tengo idea de que tenía un peso mayor del que tiene hoy, por varias razones. En ese tiempo había profesores con gran prestigio, en España y fuera, que conferían a la Facultad un peso intelectual grande. Pero también ha ocurrido que en la Universidad han ido creciendo las facultades –felizmente– lo que ha hecho que la de Teología quede más diluida en el organigrama de la Universidad. Ahora bien, en cuanto pueda ser un factor de mantenimiento de la identidad católica de la UPSA, la Facultad debería ser siempre una referencia.

 

(P): En España se puede estudiar Teología en 12 facultades. ¿Por qué escoger nuestra Universidad?

(R): Se puede empezar por la ciudad de Salamanca, donde realizar los estudios superiores es un privilegio. Igual que es un privilegio estudiar en esta casa, que es una joya y está puesta al día en todos los medios técnicos precisos. Además, nuestra Facultad tiene una eclesialidad abierta, así como el talante intelectual. No somos de ninguna sensibilidad o movimiento eclesial. Cada profesor tiene sus acentos propios sin exigirlos a nadie. Esto también por ser, como toda la UPSA, de la Conferencia Episcopal y por tanto de toda la Iglesia. Creo que esta apertura doctrinal la hace acogedora. Por último, me permito decir que en la Facultad hay muy buen nivel intelectual, que creo que es conocido y reconocido. 

 

(P): Miremos atrás y hagamos balance. 42 años dedicado al sacerdocio. ¿Le gustó ser teólogo? 

(R): Sí, mucho, y doy gracias a Dios, a la Iglesia y a instituciones como la UPSA que me han permitido esta dedicación. Siempre sentí mucha inclinación hacia un trabajo intelectual y muchas veces he hecho recuento de las carreras que hubiera cursado con gusto y llego hasta cinco, pero al final concluyo siempre que la Teología es la mía. Tanto en lo cristiano como en lo humano, la investigación y la enseñanza teológica me han dado muchísimo. Es una labor inacabable, la teología te lleva la vida, pero recompensa enormemente.  

 

(P): ¿Qué es lo que más le preocupa de la situación de la fe en la sociedad española?

(R): Como a cualquier cristiano medianamente lúcido, el crecimiento de la indiferencia religiosa. Y me preocupa  que la pérdida de sentido religioso y la desaparición de lo Absoluto del horizonte individual y social esté generando un relativismo ético deshumanizador. Hay una cosa muy sencilla: en ausencia de lo Absoluto, fácilmente todo es relativo, es lo lógico, con lo cual, la pendiente hacia el relativismo está trazada. Y eso supone una grave banalización de todo lo humano. Un sistema donde el fin justifica los medios es especialmente grave cuando el fin es ambición de poder, de éxito y de bienestar. 

 

(P): No es extraño que las declaraciones del Papa Francisco generen revuelo y controversia. ¿Considera que es una figura polémica en España? ¿Es bueno para la Iglesia el estilo del Papa Francisco?

(R): Sí, hemos visto cierto revuelo con algunos comentarios del Papa. Parece que hay un espacio ideológico que no simpatiza mucho con algunas cosas que dice Francisco, lo cual es perfectamente respetable, porque de algunas apreciaciones cualquier católico puede discrepar, pero lo que no es admisible son expresiones verdaderamente insultantes que hemos oído. Para la Iglesia, yo creo que es una verdadera gracia. En algunos asuntos que ha planteado, últimamente la vía sinodal, creo que obra impulsado por el Espíritu. Poner a toda la Iglesia, de arriba a abajo, en una dinámica de participación viva en la búsqueda y realización de su misión en el mundo, es una verdadera revolución. No es un camino fácil, pero es un gesto de una audacia admirable, al que todos en la Iglesia, personas e instituciones, hemos de entrar con todo empeño.