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Voluntariado

Experiencias


"El amor se comparte y yo lo he compartido con pequeñas que necesitaban de ese amor"

Ser voluntario es una forma de ser, de  estar y de vivir en el mundo…

 

Ser voluntario nos deja ser conscientes de que formamos parte de una sociedad en la que existen personas que necesitan de nuestro amor para llevar mejor el día a día.

 

Por eso yo os cuento mi experiencia de voluntariado en la Casa Escuela Pías Santiago Uno.

 

Para quien no conozca esta casa, es una Entidad de Servicios Sociales de los Escolapios de la Provincia Betania, ubicada en Salamanca.

 

Está dedicada preferentemente a niños y niñas con alto riesgo de exclusión social por problemas de conducta que externalizan. En ella, redefinen sueños, intentan recuperar la ternura, y buscan alternativas para construirlos como personas felices y solidarias.

 

En mi voluntariado, no me costó mucho adaptarme, ya que fue en el mismo sitio en el que realicé mis prácticas, que al finalizarlas no pude hacer otra cosa que quedarme, al sentir que esos niños y niñas me necesitaban, preguntándome el último día de mi periodo de prácticas ¿mañana no vas a volver?, con tristeza en sus ojos. Ahí es cuando decidí hacerme voluntaria y contestarles: ¡claro que vuelvo!

 

Es un apego muy grande el que esos niños y niñas hacen que escojas su hogar y a ellos mismos, y quieras volver para pasar el máximo tiempo que puedas dando lo mejor de ti para que estén bien y consigan sacar partido a todo lo que hacen.

 

Hacen que tu experiencia de voluntariado sea un acto de gratuidad mutuo, ya que para ellos el mejor regalo que les puedes hacer es tu tiempo, y ellos a ti,  el aprender a vivir valorando los pequeños detalles, a pensar que por muy mal que vayan las cosas siempre hay un camino que lleve a la luz, el ver el mundo de otro color, sabiendo que cada día es un día nuevo en el que puedes llegar a hacer felices a otras personas con muy poco de ti.

 

Por eso estoy satisfecha de mi experiencia de voluntariado, ya que se dice que el amor se comparte y yo lo he compartido con pequeñas que necesitaban de ese amor y no hay mejor forma de agradecimiento que ver sus caras de felicidad al verme llegar todos los días.

 

Os animo a que sintáis lo mismo que he sentido yo en esta situación, porque habituándolo a vuestra vida os aseguro que os llena el corazón de orgullo y hace que os convirtáis en personas excelentes, que como bien lo dijo Aristóteles:

 

“Somos lo que hacemos día a día. De modo que la excelencia no es un acto, sino un hábito”.

 

Marina Rabahieh Awad

 

Educadora Social y Alumna de Pedagogía.

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