El Instituto Teológico de Vida Religiosa (ITVR) dedica su 55 Semana Nacional de Vida Consagrada a reflexionar sobre el descenso de vocaciones

El Instituto Teológico de Vida Religiosa (ITVR), centro incorporado a la Facultad de Teología, celebra en Madrid la 55 Semana Nacional de Vida Consagrada, que bajo el título ‘Afrontar la reducción: caminando y habitando en el desierto’, afronta el descenso de vocaciones. Inauguradas por el presidente de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada, monseñor Luis Ángel de las Heras, obispo de León, las jornadas cuentan con la participación de los profesores de la Facultad de Teología Carlos Simón Vázquez y Carmen Yebra Rovira.

Además del obispo de León, intervinieron en la inauguración el presidente de la Conferencia Española de Religiosos (CONFER), Jesús Díaz Sariego; la secretaria ejecutiva de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada, María José Tuñón; el provincial de los Claretianos de Santiago, Adolfo Lamata; el director del ITVR, Antonio Bellella; y el vicedecano de la Facultad, Carlos Simón.

 

En su intervención, el profesor Carlos Simón ha reflexionado sobre la situación actual de la Iglesia y los desafíos a los que se enfrenta. Así, ha señalado que la  “reducción” que vive hoy la Iglesia debe entenderse en una doble dimensión: por un lado, la cuantitativa, marcada por el invierno demográfico en Occidente; y por otro, la cualitativa, caracterizada por el impacto de la secularización. En este sentido, ha señalado que fenómenos como el individualismo, el relativismo y el emotivismo “han generado no poca desazón en muchas de nuestras comunidades”.

 

El profesor ha subrayado que, más allá de los datos sociológicos, “la verdadera crisis se encuentra en la persona”, inmersa en un modelo antropológico que dificulta la apertura a la esperanza y al sentido último de la existencia. Asimismo, advirtió de la ruptura entre amor, vida y fecundidad, fruto de un déficit de sentido en la sociedad contemporánea.

 

Frente a este panorama, el vicedecano de Teología propone recuperar la lógica evangélica de la “levadura, la sal y la luz”, como signos de una presencia discreta pero transformadora, porque “estos elementos, aunque aparentemente invisibles, son capaces de generar relaciones nuevas y renovar la misión cristiana”.

 

En su intervención, también ha puesto en valor la vida religiosa, recordando que “no se define por el número, sino por lo que es”, como presencia viva de Cristo en la Iglesia. En esta línea, ha insistido en que “la Iglesia no depende de su tamaño o estructuras, sino de su fidelidad a su identidad más profunda”.

 

Otro de los puntos centrales de su reflexión ha sido el significado del “desierto”, que interpreta no solo como un lugar de dificultad, sino como un espacio privilegiado para la escucha de Dios. Junto a ello, ha destacado la importancia de la sinodalidad como camino para construir relaciones nuevas tanto dentro como fuera de la Iglesia.

 

Finalmente, ha subrayado el valor del tiempo frente a la cultura de la inmediatez, y ha señalado que la clave última para afrontar este momento es el encuentro con Cristo resucitado: “Es la Resurrección la que hace nuevas todas las cosas”, ha concluido, invitando a vivir este tiempo con esperanza y confianza.

 

Las jornadas, que continúan hasta el sábado día 11, cuentan hoy, jueves 9, con la participación de la profesora Carmen Yebra Rovira, quien pronunciará la ponencia ‘El camino de Israel. Éxodo-Exilio-Resto-Diáspora’.