José San José Prisco: “La Asamblea del Sínodo ha elaborado un documento de síntesis que recoge lo que verdaderamente importa a la Iglesia en este momento”

Pocas personas pueden presumir de haber formado parte de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo, celebrada en el Vaticano del 4 al 29 de octubre y, muchas menos, pueden decir que hayan participado en este evento como expertos en la materia. José San José Prisco, decano y catedrático de la Facultad de Derecho Canónico de la Universidad Pontificia de Salamanca (UPSA), trabaja ya en la próxima cita, prevista para octubre de 2024, donde se mostrarán las inquietudes de la Iglesia, las herramientas y la hoja de ruta que se pondrán en marcha para generar diálogo e integrar a todos, sin excepción, en su misión. Afirma que se han dado los pasos importantes y concretos para enfocar todos los esfuerzos en trabajar en la diversidad y en convertir el momento complicado que vivimos como sociedad y como Iglesia en una oportunidad para la búsqueda de la unidad y del consenso.

Pregunta (P): Usted ha participado en la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo, convocado por el Papa Francisco y celebrado en el Vaticano del 4 al 29 de octubre de 2023, ¿Qué conclusión puede aportar de estos días de trabajo?

 

Respuesta (R): Ha sido una experiencia muy enriquecedora. Tanto por escuchar a los miembros del Sínodo, que tenían intervenciones breves y públicas, como por el diálogo entre nosotros, los expertos. 

 

(P): Este Sínodo ha dado como fruto un Documento de Síntesis con propuestas muy concretas para el futuro. ¿Qué avances considera que se han producido con respecto a ediciones anteriores?

 

(R): Los avances se han producido en la forma de desarrollarse el propio Sínodo, que ha tenido tres momentos. El primero fue la consulta al pueblo de Dios, que es un trabajo que ya se hizo hace dos años en las parroquias y recorrió -en este orden- las Diócesis, la Conferencia Episcopal y, finalmente, Roma donde se elaboró un documento. Posteriormente, el recorrido continuó en las conferencias internacionales y sobre ese documento es sobre el que se ha trabajo durante este mes en el Sínodo. En este sentido, ha habido una fase previa de la consulta al pueblo de Dios y de sus conclusiones, que se ha llevado a esta primera Asamblea General. Por último, este Sínodo tiene ahora 11 meses para que ese documento de síntesis se devuelva otra vez al pueblo de Dios, se vuelva a estudiar y ya, definitivamente, en octubre de 2024, se extraigan ya las conclusiones definitivas que, luego el Papa, probablemente como suele hacer, las acepte y haga suyas. 

 

En definitiva, el primer cambio fundamental del Sínodo es que pasa de ser un evento a ser un proceso. Hemos hecho la primera parte de la consulta y ahora estamos en la segunda parte, que llamamos Discernimiento. Este proceso se prolongará hasta octubre de 2024 y, después de que el Papa decida qué hacer con los resultados del Sínodo, vendrá la fase de Implementación, con las conclusiones y las determinaciones. Finalmente, el Papa las llevará a ejecutar en los diferentes lugares del mundo a través de las Conferencias Episcopales. 

 

Además, también ha sido un encuentro único en cuanto a la participación del pueblo de Dios. Se ha producido una complejidad de temas que han sufrido diferentes transformaciones a lo largo del tiempo. De hecho, la Asamblea del Sínodo ha tratado todos los temas anteriores, pero no todos los ha tratado con la misma intensidad, ni les ha dado la misma importancia. Es decir, quizá alguno se siente sorprendido porque igual en este documento de síntesis no aparecen cosas que sí aparecían en el instrumento de trabajo. Esto se debe a que la Asamblea del Sínodo debe discernir de este documento de trabajo -después de haberlo conversado- qué es lo que verdaderamente importa a la Iglesia en este momento. Por ello, algunos se pueden sentir decepcionados porque había temas realmente “conflictivos” en el documento anterior y, ahora mismo, está todo muchísimo más equilibrado, no hay extremismos. Es, por lo tanto, un proceso que aún no ha terminado porque hay temas que siguen apareciendo, que requieren estudio y que habrá que ir profundizando hasta octubre de 2024.

 

(P): ¿Considera factible, teniendo en cuenta los conflictos que actualmente están abiertos en diversos puntos del mundo, crear una Iglesia de la diversidad? 

 

(R): La Iglesia en sí misma es una Iglesia muy diversa. El Bautismo es el fundamento porque en él todos hemos sido invitados a participar de la Iglesia en igualdad de condiciones; la igualdad fundamental de todos los fieles la da el Bautismo. 

 

Ciertamente existe una diversidad porque el Bautismo cada uno lo vive de un modo diferente: desde la vocación y desde el estado de vida al que Dios le ha llamado. Por ejemplo, yo lo vivo desde el Ministerio Ordenado, siendo sacerdote, pero la mayor parte de los fieles laicos lo viven con su familia con sus hijos, en su trabajo, ejerciendo Ministerios dentro de la Iglesia, etc. Hay una gran diversidad porque, de hecho, precisamente la Iglesia -como la define el Concilio-, es comunión, y la comunión solo puede darse con los diversos. Cuando no hay diversidad, hay uniformidad y la Iglesia no es uniformidad. 

 

Es verdad que hay algunos asuntos que están siendo objeto de “discusión”, pero en el buen sentido de la palabra como, por ejemplo, cómo hacer que las personas que se han sentido excluidas de la Iglesia reconozcan que esta es su casa y que la Iglesia tiene un corazón muy grande que acepta a todo el mundo. 

 

También es cierto que la Iglesia, como cualquier institución, tiene sus valores y criterios a la hora de vivir como miembro de ella, pero eso no quiere decir que, de buenas a primeras, se excluya a alguien porque no cumple todos los requisitos. Si fuera así, yo tampoco estaría porque no cumplo todos los criterios; todos tenemos algo que mejorar, todos somos pecadores y todos necesitamos de conversión. Evidentemente, si alguien se siente excluido, hay que hacer que no sea así y que pueda participar de la Iglesia y hacer un camino de conversión, que es en el que estamos todos. 

 

(P): ¿Cuál ha sido el mensaje del Papa para el futuro?

 

(R): Él ha dicho muchísimas cosas y ha participado en varias de las sesiones, incluida la sesión final en la que se leyó todo el documento y en la que se votó punto por punto todas las cuestiones. Es muy importante destacar que fueron valoradas por mayorías absolutas con más de un 80 % de consenso. Ha habido un gran consenso y ello tiene que guiar a la Iglesia: este el mensaje que quiere dar el Papa con este Sínodo de la Sinodalidad. 

 

A partir de ahora, lo que hay que hacer es buscar entre todos la Verdad, una Verdad que está en Dios y que se llega a ella escuchando a los demás, dialogando mucho y, sobre todo, escuchando al Espíritu -porque esto no es una cuestión meramente humana, en la que razonamos nuestras cosas y tomamos nuestras conclusiones-, sino que es una actividad que parte de la fe en la que el Espíritu Santo acompaña a la Iglesia y a todos y cada de sus miembros. Por eso, cuando nos escuchamos somos también agentes activos de esa acción del Espíritu dentro de la Iglesia. El consenso, así dice el Concilio -el sensus fidei- llega de la fe y, cuando todos vemos una cosa desde la oración y la fe dice que tiene que ser así, eso es fruto del espíritu, no solo de nuestra racionalidad humana. En este punto es donde el Papa dice: “Es así como tiene que moverse la Iglesia”. 

 

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