Julia Navarro: “Quienes renuncian a leer se están perdiendo una aventura imprescindible”
La periodista y escritora Julia Navarro fue la encargada de inaugurar el curso académico 2026-2027 en el Colegio Mayor Nuestra Señora de Guadalupe de la Universidad, un acto que, según reconoció, vivió como “un privilegio” y que le permitió sentirse “brevemente parte” de una institución a la que siempre había admirado. Durante su intervención, animó a los estudiantes a afrontar esta nueva etapa con audacia y a construir su propio camino: “El presente es suyo y el futuro también”.

Autora de novelas como Dime quién soy, Dispara, yo ya estoy muerto o su más reciente obra, Una familia moderna, Navarro reflexiona en esta entrevista sobre el valor de la lectura, la literatura como herramienta para comprender la condición humana y los retos que plantean las nuevas tecnologías y la inteligencia artificial. La escritora defiende la lectura como una vía imprescindible para estimular la imaginación y reivindica la necesidad de “parar” y reflexionar en una sociedad marcada por la velocidad, los estímulos y la incertidumbre.
Pregunta (P): ¿Qué supone para usted inaugurar el curso en el Colegio Mayor Hispanoamericano Nuestra Señora de Guadalupe de la Universidad?
Respuesta (R): Un privilegio. Lo siento como un privilegio, el que me hayan invitado a hacer esta inauguración de curso en un lugar como este: un lugar histórico en el que lo único que pienso es: «¡Cómo me hubiese gustado a mí estudiar en esta universidad!». Y me produce una enorme emoción que me hayan invitado a poder participar, a ser brevemente parte de una institución como es la Universidad Pontificia de Salamanca y el Colegio Mayor Guadalupe.
(P): ¿Qué le diría a los jóvenes que comienzan el curso y, más aún, ahora que ha publicado su nueva novela Una familia moderna?
(R): Que hagan lo que les dé la gana. Eso es lo que les diría: que el presente es suyo y que el futuro también y que, por tanto, tienen todo el derecho de hacer las cosas como ellos creen que tienen que hacerlas. La historia no es una foto fija y la historia cambia porque cada generación trae ideas de refresco. Entonces, lo que les diría es que sean audaces y que hagan lo que quieran.
(P): A lo largo de su trayectoria ha abordado en sus novelas algunos de los grandes conflictos de la historia contemporánea. ¿Qué puede aportar hoy la literatura para comprender un mundo cada vez más complejo y polarizado?
(R): Para mí, la lectura es el cuaderno de bitácora que me ha ayudado a intentar, solo intentar, entender el mundo. Entender de dónde venimos, dónde estamos, dónde seguramente queremos ir. Me parece que la lectura es absolutamente imprescindible. Yo todo lo que sé lo he aprendido en los libros.
Y no tengo ambición de contar la historia cuando escribo. Mi ambición es contar qué les pasa a las personas que tienen que vivir en un determinado momento. Me interesan los claroscuros de la condición humana. La historia se la dejo a los historiadores, que además debe estar en sus manos. Pero cuando abordo qué pasa, por ejemplo, en la Rusia de Stalin, no tengo ninguna intención de contar a Stalin. Eso ya lo han hecho los historiadores y lo hacen. Pero sí me interesa cómo vivía la gente, qué sentía, cómo sobrevivía (…). Ese es siempre mi objetivo cuando me pongo a escribir: la condición humana y también indagar en esos claroscuros que todos llevamos dentro.
(P): Sus personajes suelen enfrentarse a decisiones difíciles, conflictos personales y dilemas morales. ¿Qué importancia tiene para usted explorar la condición humana a través de la ficción?
(R): Me ayuda a pensar. Me ayuda a reflexionar sobre esos conflictos que no son nuevos. Es decir, el hombre se enfrenta a las mismas preguntas desde el principio de los tiempos. A veces uno tiene la tentación, sobre todo cuando es joven, de creer que está descubriendo la vida y, entonces, se cree que también está descubriendo todo, que todo empieza a partir de él. Pero no es cierto. Es decir, el mundo ya está descubierto y los seres humanos nos preguntamos esos porqués que son eternos y que están ahí, y que se han hecho todos los hombres a través de los tiempos, y que yo intento entenderlos a través de la creación de personajes a los que coloco en distintas situaciones. Y procuro que sean siempre… Algunos lectores me lo dicen: «Usted siempre los pone en situaciones incómodas». Digo: «Claro, es que, si no hay situaciones incómodas, preguntas, perplejidades, sufrimiento (…), pues la vida sería absolutamente plana y entonces no habría nada que contar».
(P): En un momento en el que los jóvenes tienen acceso a una enorme cantidad de contenidos y estímulos digitales, ¿qué cree que puede ofrecerles la lectura que no encuentran en otros formatos?
(R): Yo entiendo que los jóvenes hoy son de una generación absolutamente audiovisual. Y es muy difícil competir con los medios audiovisuales. Ellos ya tienen la mente organizada de manera que se ponen ante una pantalla y, cuando tú miras una pantalla, cada segundo pasa algo. Hay un plano diferente, aunque parezca que no ha pasado nada, pero hay un plano diferente. Entonces, coger un libro y leer una página, y otra página, y otra página hasta que parece que pasa algo, pues es un ejercicio que, sin duda, les cuesta.
Pero bueno, es el mundo que les toca vivir. No creo que cualquier tiempo pasado fuera mejor, ni tampoco sé cómo será el futuro. Creo que a cada uno nos toca vivir un momento determinado (…). Los paradigmas de nuestra sociedad han cambiado todos en los últimos 30-40 años a través de las nuevas tecnologías. Los jóvenes tienen una mente adaptada a esos nuevos paradigmas que vienen a través de la tecnología.
Creo que, si no leen, se están perdiendo algo importante, porque leer estimula la imaginación. Cuando lees un libro, pones rostro a los personajes, estás coloreando, estás imaginando cómo eran las cosas. En cambio, delante de una pantalla hay alguien que ya ha pensado eso por ti. Entonces, creo que se pierde esa capacidad de ejercitar la imaginación.
Para mí, abrir las páginas de un libro es iniciar una aventura porque no sabes dónde te va a conducir. Es una manera de conocer otras maneras de pensar, de sentir, de vivir e ir reflexionando sobre lo que estás leyendo. A veces, a través de la pantalla es más difícil por lo que digo, porque en cada plano pasa algo. Sin embargo, cuando estás leyendo lo estás viviendo, lo estás viendo. Por tanto, creo que se pierden una aventura importante los que renuncian a leer. Pero bueno, ya lo descubrirán.
(P): La inteligencia artificial está transformando también el mundo de la creación y del acceso a la cultura. ¿Le preocupa su impacto en la literatura o cree que puede convertirse en una herramienta más al servicio de los escritores y los lectores?
(R): Me preocupa su impacto en todos los órdenes de la vida. La inteligencia artificial ya es una realidad y está ahí, y creo que no hay que luchar contra molinos de viento. Lo que está, está y ya no va a haber vuelta atrás. La cuestión es cómo lo gestionamos y qué herramientas hay para que no se convierta en un monstruo que nos termine devorando. Entonces, ¿va a tener impacto en la literatura? Sin duda, pero lo va a tener en la medicina, en el arte (…) y lo va a tener en todos los órdenes de la vida. La cuestión es cómo lo vamos a gestionar. Pero estar, ya está, ya existe.
(P): Después de tantos años dedicada al periodismo y a la literatura, ¿qué le sigue sorprendiendo de las personas y qué cree que nunca debería perder una sociedad que quiera considerarse verdaderamente humana?
(R): La lectura. Yo creo que la lectura es ese vector absolutamente necesario para recordarnos eso: quiénes somos, que somos seres humanos. Es una sociedad muy compleja porque el mundo es mucho más complejo hoy que lo que parecía serlo hace 100 años. Entonces, nos estamos enfrentando a muchísimos desafíos, a muchísimas incertidumbres.
Bueno, la vida hoy tiene muchas más aristas. Antes creo que las cosas eran un poco más sencillas, no simples, sino sencillas. Y ahora tenemos que dar muchas respuestas a muchos estímulos diferentes, a muchas posibilidades que antes no se tenían. Estamos viviendo en una sociedad en la que estamos pasando por la vida y no tenemos tiempo de reflexionar ni sobre lo que estamos viviendo ni sobre lo que nos está pasando, pero estamos viviendo y nos están pasando cosas. Lo que creo es que necesitamos todos, de vez en cuando, parar, tener ese momento de reflexión, para seguir preguntándonos lo que se preguntan los hombres desde el principio de los tiempos: ¿Quiénes somos? ¿Qué sentido tiene la vida? ¿Qué hacemos aquí? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?