María Teresa Marcos: “Estamos viviendo un momento de florecimiento en el ámbito musical religioso”

Si hay una persona que no podría vivir sin música es ella, y si hay una persona que no entiende la historia de la música sin tener en cuenta el ámbito religioso, también es ella. María Teresa Marcos, licenciada en Derecho por la Universidad de Salamanca (USAL) y licenciada en Derecho Canónico por la Universidad Pontificia de Salamanca (UPSA), acaba de defender hace pocos meses su tesis doctoral sobre ‘La importancia de la música en la vida sacerdotal: formación, liturgia y evangelización’, tema que le ha permitido investigar sobre sus dos grandes pasiones: la música y la historia. Su título de flauta travesera por el Conservatorio Profesional de Música de Salamanca, no solo delata cuál es su principal 'hobbie', sino también su afán por mantener viva la contribución de ciertos instrumentos a la cultura popular y religiosa. Marcos apuesta por afianzar desde el entorno educativo la formación musical, tanto en los seminarios y ámbitos eclesiásticos, como en los colegios e institutos, donde percibe recientemente un movimiento juvenil muy positivo con los nuevos grupos y tendencias actuales.

Pregunta (P): Ha defendido recientemente su tesis doctoral ‘La importancia de la música en la vida sacerdotal: formación, liturgia y evangelización’. ¿Cuáles son las conclusiones más destacables de su investigación?

Respuesta (R): Es indiscutible que, en la historia de la humanidad, las artes, y en concreto la música, han jugado un papel importantísimo. Desde que el hombre existe, la música le ha acompañado y ha sido transmisora de conocimientos, de sentimientos, de enseñanzas y lecciones, así como un medio para relacionarse con la divinidad en todas las culturas, y muy especialmente en el cristianismo. De hecho, la evolución de la música, tanto lo referente a estilos musicales como lo relativo a instrumentos, se ha visto influenciada de manera indiscutible por la Iglesia católica: desde compositores anónimos hasta los más famosos maestros han creado obras religiosas que han ayudado a los fieles a rezar, a elevar sus almas a Dios y a alabarlo de una manera increíblemente bella.

 

La Iglesia, por tanto, cuenta con un legado musical inigualable que tiene que conocer y proteger con orgullo. Por esta razón, es imprescindible que todos sus miembros, pero en especial aquellos que están destinados a guiarla, tengan un verdadero conocimiento de la música y su historia. Por ello, es tan importante que reciban una adecuada formación musical, tanto teórica como práctica.

 

En mi investigación doctoral, para ahondar más en estas cuestiones y ver el nivel de conocimiento real que tienen de la música sacra hoy en día tanto el clero como los laicos en España, me basé en dos estudios recientes: el primero se trata de una encuesta que realizó la Conferencia Episcopal Española (CEE) en mayo de 2017 sobre el uso y práctica del canto y la música en las celebraciones litúrgicas en España, y cuyos resultados han visto la luz en 2019. Y, en segundo lugar, un análisis de la formación musical de los seminarios de España en el momento actual que yo misma he realizado.

 

El estudio de la CEE revela que son pocas las personas que participan en las celebraciones litúrgicas y tienen conocimientos musicales. La mayoría de los que participan, lo hacen cantando, y a pesar de que consideran que el canto gregoriano es muy importante, reconocen que casi nunca lo cantan; al igual que le pasa al órgano, es considerado como un instrumento muy importante, pero rara vez se toca. Este estudio también constata que muchos sacerdotes no han tenido formación musical y que son muy pocas las diócesis en las que existe un Secretariado o Comisión diocesana de música sagrada, lo que pone de manifiesto el escaso interés general que existe por esta importante materia. 

 

En lo que se refiere al análisis de los estudios musicales en los seminarios de España, los datos confirman este problema de la formación musical al constatar que, en la mayoría de los actuales planes de formación y de estudios de los seminarios españoles, no se cursan asignaturas de música y, en los que sí imparten esta asignatura, le dedican tan solo una o dos horas a la semana, donde, en la mayoría de los casos, esta enseñanza se reduce a un taller o a los ensayos del coro para preparar las celebraciones litúrgicas, con lo que el contacto de los futuros sacerdotes con la música sacra es muy escaso.

 

Teniendo en cuenta los dos estudios -CEE y seminarios-, se podría decir que, con el paso del tiempo, la música es una materia que está cayendo en el olvido. Pocos son los que se dedican a su estudio profundo y, con cada nuevo plan de formación para los seminarios, se da menos importancia a la música, con lo que están privando a las nuevas generaciones de siglos de evolución musical. Se les niega el conocimiento de uno de sus legados y al mismo tiempo se les roban herramientas para poder valorar, amar, cuidar y transmitir ese legado. Pero este déficit no solo afecta al ámbito de la formación, la propia Liturgia también se ve afectada, pues no se puede comparar una celebración en la que la música de un órgano, el canto de un coro o la profundidad de las letras de las canciones ayudan al fiel a sentir y a elevar su alma, creando un ambiente más propicio para la oración y el acercamiento a Dios, con otras celebraciones en las que solo se cantan canciones pegadizas, cuyas letras son ambiguas y lo único que aportan es el ritmo. 

 

(P): ¿Es la música una herramienta perfecta para comprender mejor las liturgias? 

(R): La celebración de la Eucaristía, los sacramentos o la oración comunitaria no ha sido uniforme a lo largo de la historia, al contrario, en cada pueblo y cultura se configuró de forma diferente, dependiendo de su propia personalidad e idiosincrasia, lo que originó diferentes ritos litúrgicos durante los siglos IV-VII, tales como el rito galicano, ambrosiano o hispano-mozárabe entre otros. La unificación de la liturgia en occidente viene de la mano del canto gregoriano, imponiendo una liturgia y un repertorio musical uniforme.

 

En mi estudio doctoral pongo de manifiesto que el conocimiento de la música es necesario para una buena celebración litúrgica y también para una buena acción evangelizadora. Con demasiada frecuencia observamos que se eligen cantos inadecuados al momento litúrgico o se usan canciones profanas o meramente «ambientales», desdibujando el sentido de la celebración que termina por perder su carácter orante y sagrado, y puede volverse un «espectáculo» o una simple reunión festiva, sin favorecer la oración ni el misterio que se celebra. La música improvisada o pobremente preparada dificulta que la asamblea cante unida y viva la liturgia como acción común, no solo como algo que «escucha». Sin formación, el sacerdote tiende a reemplazar el canto propio de la tradición (gregoriano, música sacra, etc.) por música utilitaria, de moda o puramente emocional. Se empobrece así el patrimonio musical de la Iglesia y se rompe la continuidad con la tradición litúrgica. Además, la falta de sensibilidad musical dificulta que el sacerdote use la música como medio catequético y espiritual, especialmente con jóvenes, reduciendo así un recurso muy fecundo para la pastoral.

 

Y es muy importante remarcar, como hicieron los Padres conciliares, en continuidad y comunión con la tradición musical de la Iglesia, que la música es «una parte necesaria o integral de la Liturgia solemne», es decir, no es un mero adorno, o un elemento que haga más bonita la Liturgia, sino que es, y forma parte de la Liturgia.

 

(P): ¿Qué tipo de melodía ayudaría mejor en la actualidad para acercar la religión a los más jóvenes?

(R): Tenemos que diferenciar en primer lugar la música sacra de la música religiosa. No toda la música es apropiada en la Liturgia. En las celebraciones litúrgicas, se debe usar la música destinada a ellas, siguiendo la normativa canónica vigente, y una forma de acercar esta música a los más jóvenes es a través de la educación. En este sentido, una buena formación musical que les descubra ese maravilloso mundo sonoro, hoy, por desgracia, oculto para la mayoría por falta de información. Pues no te puede gustar algo que ni siquiera conoces. 

 

Pero también es cierto que estamos viviendo un momento de florecimiento en el ámbito musical religioso. Cada vez son más y están más de moda los cantantes, grupos e incluso DJs que interpretan canciones religiosas y en diferentes estilos, con lo que encontramos música religiosa para todo tipo de gustos musicales, desde el Canto Gregoriano de los Monjes Benedictinos del Monasterio de Santo Domingo de Silos, -que llegó a alcanzar el número 1 en la lista de Los 40 Principales en España y a posicionarse en el número 3 en la lista Billboard 200 en Estados Unidos-, a la música electrónica del Padre Guilherme, que cuenta con más de tres millones de seguidores en redes y llena plazas y estadios cada vez que ofrece un concierto. Pasando por otros grupos musicales como Hakuna, Luispo, Tuyo, Trigo 13, La voz del desierto, o las Hermanas Pobres de Santa Clara entre otros, que algunas de sus canciones han sido reproducidas hasta 10 millones de veces. 

 

Por lo que podemos afirmar que la música religiosa hoy en día sí llega a los jóvenes y hay la suficiente variedad de estilos para que cada uno elija el que más le guste, y de esta forma, el mensaje de sus letras, llegue a todos. 

 

(P): ¿Considera que la sociedad distingue y valora la música como legado histórico de cada época?

(R): Creo que la gente es consciente de la importancia de la música, pero no sabe valorar el gran legado musical que tenemos. Desde pequeños, en el colegio, la formación musical que recibimos es escasa, se dan unos conocimientos generales de la historia de la música, sus etapas, los compositores más conocidos y sus piezas más famosas, pero no se profundiza lo suficiente en ella. Y si hablamos de la música sacra, mucho menos. 

 

No podemos olvidar que desde el cristianismo la historia de la música ha ido de la mano de la historia de la Iglesia. Desde su nacimiento, el cristianismo favoreció el progreso de la música y el cultivo de la vida interior, lo que dio como resultado una exaltación del canto, y eso supone siglos y siglos de patrimonio musical que estamos obligados a conocer, proteger y cultivar. 

 

Por ello, es tan importante, e insisto continuamente, en recibir una adecuada formación musical que ayude a la persona a descubrir toda la riqueza musical que tenemos. 

 

(P): Su futuro está vinculado al Derecho Canónico, ¿considera que la presencia de la mujer en este ámbito empieza a flexibilizarse?

(R): Efectivamente, tengo la suerte de poder dedicarme laboralmente al ámbito del Derecho Canónico, y veo diariamente la puesta en práctica de los conocimientos adquiridos en la Facultad de Derecho Canónico. Es una materia viva que cada día se enfrenta a situaciones nuevas y busca dar respuesta a los desafíos que le plantea la actualidad. Y esto es un reto realmente apasionante. 

 

Respecto al papel de la mujer en el ámbito del Derecho Canónico, tenemos el ejemplo de numerosas canonistas que ocupan puestos muy importantes en las curias de nuestras diócesis, y catedráticas y profesoras en las facultades civiles y eclesiásticas. Buena muestra de ello la encontramos precisamente en la Facultad de Derecho Canónico de la Universidad Pontificia de Salamanca y también en la Facultad de Derecho de la Universidad de Salamanca.