Ricardo de Luis Carballada: “Es una auténtica alegría ver cómo los jóvenes maduran y crecen en la vivencia de su fe”

Ricardo de Luis Carballada, Capellán de la Universidad Pontificia de Salamanca y fraile dominico, es una voz marcada por la historia, la escucha y el cuidado de lo esencial. Nació en el barrio antiguo de León, muy cerca de la basílica de San Isidoro, de las murallas romanas y de un entorno cargado de memoria, belleza y silencio, que ha dejado una huella profunda en su manera de mirar el mundo. Amante del ballet, de la música clásica, de los cantautores —con Sabina como escucha inagotable—, del cine, el teatro y los paseos por el campo, Ricardo cultiva una mirada atenta a la belleza en sus múltiples formas. Le interesan especialmente los ensayos, las biografías y la literatura, y mantiene desde joven una relación fiel con la radio y sus tertulias. En su trato cotidiano, valora por encima de todo el respeto y la consideración hacia los demás, y rechaza con firmeza la falta de educación. Movido por la presencia de Dios y por la confianza de quienes esperan algo de él, entiende su vocación como un ejercicio diario de responsabilidad, escucha y fidelidad a lo que verdaderamente importa.

Pregunta (P): Es un hombre muy activo en la vida religiosa y universitaria de Salamanca. Recientemente, ocupa el cargo de Capellán en la Universidad Pontificia de Salamanca. ¿Cómo ha recibido este nuevo cometido? 

Respuesta (R): Primero, con sorpresa, pues no me lo esperaba. Luego, con ilusión, por la posibilidad que me ofrece de realizar mi sacerdocio. Además, soy dominico, una orden que desde su nacimiento en el siglo XII encontró en la universidad uno de los lugares principales de su acción apostólica. Es una alegría como dominico poder realizar este servicio. Junto a ello, soy antiguo alumno de la UPSA, pues aquí estudié y obtuve la licenciatura en Teología Dogmática. Recuerdo con mucho cariño aquellos dos cursos que realicé en la Ponti. Me acuerdo, agradecido de los profesores que tuve, los compañeros de clase -con algunos todavía tengo contacto-, las actividades extraacadémicas… De aquel tiempo mantengo en la memoria el rasgo característico de nuestra Universidad: el trato personal y la relación cercana.

 

(P): ¿Cree que la Capellanía en la Universidad no solo se ciñe a la celebración de eucaristías y encuentros, sino que presta un servicio de acompañamiento en el camino de la fe? 

(R): Hoy en día decimos que la evangelización tiene que ir más allá de lo sacramental para ayudar a crear un espacio de encuentro personal con Jesucristo. El acompañamiento personal es algo fundamental actualmente en la acción pastoral. El Papa Francisco hablaba de la evangelización en el tú a tú. Además, vivimos tiempos de mucha soledad y desorientación, en los que se suscitan muchas preguntas. Para encontrar respuesta, es necesario el diálogo y el contraste con otras personas, y para realizar bien esta labor, es importante que el capellán esté presente en el día a día de la Universidad, sea conocido y vaya generando confianza entre las personas de la Universidad.

 

(P): Usted conoce bien la vida universitaria porque, además de ser profesor en la UPSA, es el delegado diocesano de Pastoral Universitaria. Convive a diario con jóvenes y estudiantes universitarios. ¿Ha apreciado aumento o disminución en su fe en los últimos años?

(R): Creo que ya no hay tanto viento en contra como había hace algunos años. Hoy, en general, no hay inicialmente una postura de rechazo u oposición hacia lo religioso. La primera actitud suele ser de respeto, e incluso en algunos casos, de curiosidad e interés. Sin embargo, me parece que la indiferencia es la actitud más generalizada, es un «eso no va conmigo».

 

Mi experiencia en la Pastoral Universitaria es que el trabajo pastoral requiere de mucha paciencia e insistencia. Se realiza en grupos pequeños, en la relación personal, ayudando a procesos de crecimiento de la fe. Una de mis alegrías en estos años es ver cómo jóvenes concretos van madurando y creciendo en la vivencia de su fe y en su compromiso con la iglesia.

 

(P): ¿Comparte ese renovado interés juvenil con lo espiritual, como se muestra en el caso de la cantante Rosalía o la película Los domingos, por ejemplo? 

(R): Suelo decir que hacen falta cientos de miles de ‘Rosalías’ para cambiar el rumbo cultural de nuestras sociedades secularizadas. Algunos hablan del giro católico de la sociedad española. Me parece exagerado o al menos muy precipitado hablar en estos términos. La secularización con el desinterés por lo religioso sigue siendo la tónica dominante. Pero sí es cierto que hay un cambio de tendencia en el sentido de ver lo religioso como algo valioso y que ayuda en la vida. 

 

Muchos jóvenes se han dado cuenta de que lo que ofrece la sociedad de consumo no sirve para satisfacer las necesidades últimas del ser humano. Nuestra aspiración a la plenitud y desarrollo no lo satisface el consumo, la diversión banal, el sexo fácil… El desafío es cómo conducir esta atracción ‘estética’ inicial hacia un encuentro personal con Cristo y la Iglesia. Y utilizo el término ‘estética’, no en un sentido peyorativo o de vivencia superficial, lo hago en el sentido que veía la estética el pensamiento clásico, como una forma de percepción. Sin duda, en nuestra sociedad está cambiando la forma de percibir lo religioso, al menos en muchos jóvenes.

 

(P): ¿Considera que en estos momentos la juventud está encontrando esa escucha, diálogo y conversación real en la Iglesia? 

(R): Desde luego, la Iglesia ha tenido y tiene gran preocupación por acoger a los jóvenes y entablar con ellos un diálogo auténtico. La cuestión es acertar con los modos. Esto quiere decir abrir espacios en los que los jóvenes se sientan acogidos, escuchados, que puedan expresarse y participar desde su mundo de vivencia y formas de expresión. 

Los jóvenes hoy son muy sensibles a la libertad y no admiten imposiciones, buscan propuestas. No quieren ser aleccionados, buscan dialogar en términos de igualdad. Se acabó el tiempo de los sermones. No les gusta que les digan lo que tienen que hacer, sino que juntos busquemos las acciones más adecuadas. En definitiva, tienen que ser, no sólo los destinatarios, sino también los protagonistas de la acción pastoral.

En la Iglesia existe la preocupación y el interés por acoger a los jóvenes, pero hay que dedicar más personas y recursos a este ámbito. En este sentido, queda mucho por hacer.


(P): Como nuevo Capellán de la UPSA, ¿qué proyectos tiene previstos a corto y a largo plazo?

(R): En un primer momento, de modo inmediato, el primer proyecto es escuchar y conocer lo mejor que pueda las distintas realidades de la Universidad. Escuchar necesidades y propuestas y formar grupos de trabajo pastoral con estudiantes, profesores, personal de servicios. 

También se trata de seguir el camino trazado por el profesor Gonzalo Tejerina y las propuestas que él realizó, que creo que deben ser mantenidas: la eucaristía diaria, la oración mensual, eucaristía por familiares difuntos, peregrinaciones, etc. 

En segundo lugar, realizar el proyecto del Rector de que en cada edificio de la Universidad haya un capellán y una oferta de atención pastoral. Ya hay dos sacerdotes que atiendan respectivamente la capellanía de la Facultad de Comunicación (D. Manuel Muiños) y del edificio Sánchez Ruipérez (prof. Bernardo José Montes) y, entre los tres, veremos cómo se puede organizar la atención pastoral en todas las sedes de la Universidad.

Un aspecto al que me gustaría prestar especial atención es a la formación en la fe, porque no olvidemos que estamos en una Universidad que cuenta con una Facultad de Teología. Por ello, hay que aprovechar los recursos que ofrece para dar consistencia intelectual a nuestra vivencia de la fe y orientar esa vivencia hacia los retos y desafíos de la sociedad en la que vivimos. En concreto, se trata de dar a conocer mejor la Doctrina Social de la Iglesia.

 

(P): ¿Le gustaría que todo el que quiera vivir su fe encuentre su espacio en la Capellanía? 

(R): No solo me gustaría, me preocuparía mucho que no fuera así, que alguien que quiera vivir su fe o la busque, no encuentre acogida en la Capellanía. De hecho, aprovecho la oportunidad para expresar mi disposición a atender a quien necesite de mí, en cualquier día de la semana y a cualquier hora.  Estoy en todo momento al servicio de todos. Además, es bienvenida cualquier persona que se acerque a alguna de las actividades de la Capellanía.